Control Del Juego

El siguiente es un artículo técnico publicado en la antigua web de Arbitroshb (año 2002).

Ya hemos comentado que, en su esencia, el handball es un deporte de neto contacto físico y donde no deben existir privilegios para el ataque sobre la defensa.

Algunos árbitros no han tenido la posibilidad de recibir una capacitación adecuada, ya sea con respecto a las reglas o con respecto al espíritu del hándball y seguramente por ello no aplican bien los conceptos. Ellos generalmente son jugadores que, cuando no actúan en esa función, toman un silbato y con la mejor de las voluntades ayudan a que se dispute el partido, sin haber pasado generalmente por un curso de graduación.

Es función de todas las personas ligadas al handball poder cambiar esta situación:

  • Los instructores de árbitros: transmitiendo sus conocimientos para que todos los árbitros conozcan por igual el espíritu y las reglas del handball.
  • Los dirigentes deportivos: facilitando los medios (léase brindando los cursos necesarios) para que el mensaje correcto llegue también a los entrenadores.
  • Los entrenadores aceptando el cambio necesario y transmitiéndolo a sus jugadores.

Obviamente, muchos no aceptarán el cambio ni comprenderán su necesidad, porque implementarlo les exigiría salir de su estado de confort. Sin embargo, si existe en la mayoría la voluntad de mejorar, el cambio poco a poco se irá generalizando y aquellos que no lo acepten serán fácilmente superados y se irán quedando en el camino.

No obstante lo mencionado sobre la falta de capacitación, existe otro tipo de árbitros. A pesar de haber teniendo la capacitación adecuada, ellos deciden adoptar una actitud pasiva durante el transcurso del partido, limitándose a dejar que el tiempo pase. De esta forma, no tiene grandes dificultades: Pitan al menor contacto físico, logran así que el juego se haga más interrumpido (y por ello más lento), evitan los roces y su objetivo lo alcanzan cuando finaliza el partido: cobran su dinero y se van a su casa.

Dejaremos de lado a este grupo de árbitros porque ciertamente esta sección y el esfuerzo de los instructores y dirigentes no será dirigida a ellos.

Obviamente, los árbitros que se comprometan con el espíritu del handball estarán expuestos a un mayor riesgo. Como hemos comentado, ellos deberán permitir el contacto físico y hasta incentivarlo en las categorías más jóvenes. Al mismo tiempo, deberán hacer prevalecer la Continuidad del Juego sin interrumpirlo constantemente por roces de menor cuantía. Actuando de esta manera, la intensidad y la velocidad del juego irán en aumento, al igual que las situaciones de roces, por lo que también puede agravarse la reacción de los jugadores si los errores arbitrales se repiten durante el juego.

La pregunta que surge, entonces, es la siguiente:

¿Cómo logramos mantener el dominio del partido si constantemente estamos en presencia de un contacto físico intenso?. La respuesta la vamos a obtener en las siguientes líneas y es lo que se conoce comúnmente como: Controlar el Juego.

Los aspectos necesarios para no perder el control del partido pueden dividirse en dos categorías:

  1. Aspectos técnicos
  2. Actitud Personal

Analicemos cada caso en particular:

1. Aspectos técnicos:

Aquí debe prestarse especial atención a dos situaciones:

1.1. Equilibrio defensa - ataque:

Ya hemos hablado un poco de este tema en la nota anterior. Allí comentamos que no deben otorgarse privilegios para el ataque ya que no siempre son los defensores los que hacen mal las cosas.

De esta forma, cuando un atacante se equivoca debe ser sancionado. Notemos que si continuamente se castiga al defensor, éste incrementará su accionar agresivo porque de una u otra forma intuirá que siempre se lo va sancionar. Por el contrario, si las faltas técnicas del ataque son sancionadas con pérdida de la posesión de la pelota, la defensa se preocupará por actuar reglamentariamente ya que se sentirán protegidos por los árbitros.

1.2. Faltas progresivas:

También observamos en la nota anterior que el contacto físico debe permitirse, pero dentro de ciertas reglas. Por ello, los árbitros debemos demostrarle a los jugadores que no permitiremos el juego desleal. ¿Cómo hacemos esto? Sancionando a quien no entienda, o a quien no quiera entender las reglas. Aquí se aplicará el Concepto de faltas progresivas, que si bien será comentado en notas posteriores, podemos adelantar que consiste en sancionar todas aquellas faltas donde el defensor se desentiende de la pelota y trata de agarrar, empujar o golpear al rival. La sanción comenzará con tarjetas amarillas y seguirá con 2 minutos de exclusión a los culpables.

2. Actitud: 

Cuando hay problemas en la actitud de los árbitros para con el juego, puede observarse que ellos no ponen todo su empeño y capacidad en beneficio de su función. Tal vez quieran aplicar los conceptos correctos, pero se creen superiores y no piensan que un simple error puede generar una trifulca. Por ello se desconcentran y comienzan a cometer errores. No aquellos errores que son normales debido a problemas de apreciación, sino errores en los que pasan por alto algunas faltas ya que cuando reaccionan es tarde para sancionarlas.

¿Por qué motivo es tan importante cumplir con los puntos 1) y 2)?

Porque las faltas que quedan sin sanción, GENERAN RECLAMOS que, si bien no son groseros, se pueden ir incrementando con el transcurrir del partido hasta llegar al punto de que cada cosa que los árbitros sancionan genera una protesta. Esta disconformidad hacia los árbitros, con el transcurrir del tiempo, se transforma en agresión hacia el otro equipo. De esta forma, se va creando un clima que puede llevar a los árbitros a perder el control del partido.

Analicemos lo que ocurre cuando los árbitros no logran aplicar los conceptos correctos: 

  1. Aumenta la cantidad de faltas técnicas que no tienen sanción por parte de los árbitros. (Es decir: 4 pasos, invasión de área, doble dribbling, foul de ataque, etc. ).
  2.  Debido a las faltas técnicas no sancionadas, también aumenta la cantidad de faltas progresivas. (Si un jugador comete foul de ataque y los árbitros no lo sancionan una y otra vez, en la próxima oportunidad lo más probable es que el jugador defensor vaya directamente a golpear al atacante).
  3. Comienzan los reclamos (actitudes antideportivas) y se pierde la confianza depositada en los árbitros.

Esto está esquematizado en la Figura siguiente:

fujb.jpg

De aquí surge otro aspecto interesante: Las protestas de los jugadores nos puede llevar a perder el Control del Juego. Por ello, no debe permitirse que existan reclamos fuera de lugar por parte de los jugadores y de los cuerpos técnicos. Estos reclamos airados, sin ninguna duda, deben ser inmediatamente sancionados por los árbitros.

No obstante, otro tipo de reclamos es el que da lugar a estas líneas: Aquellos que se repiten constante y sistemáticamente. Si analizáramos cada uno de ellos independientemente, quizás nos parecería una cosa sin mucha trascendencia. Por ello, generalmente se nos plantean el dilema sobre la correcta forma de actuar: ¿Los sancionamos o los dejamos pasar por alto porque son intrascendentes?

Analicemos:
Cuando ocurren reclamos de este tipo, los árbitros pueden tomar dos actitudes: 

  1. Darse cuenta que los reclamos son fundados, porque hay errores arbitrales. De esta forma podrán cambiar su actitud, poner más empeño y evitar perder el control del partido.
  2. Simplemente sancionar disciplinariamente al jugador que efectuó el reclamo sin percatarse de sus propios errores, dando origen a un clima de agresión y a una “atmósfera densa”. Esto es lo que suele ocurrir cuando los árbitros adoptan una actitud SOBERBIA y por el sólo hecho de poseer el silbato piensan que siempre tienen razón y nunca se equivocan. 

Por ello, ante las protestas nuestra primer actitud como árbitros debe ser preguntarnos:
¿Nos estamos equivocando?
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Quizás de esta forma podarnos darnos cuenta que estamos desconcentrados y logremos entonces volver a tener una actitud correcta. Debe quedar muy en claro que lo expresado NO QUIERE DECIR QUE HAY QUE PERMITIR que los jugadores y oficiales PROTESTEN. Si dejamos que los reclamos queden sin sanción, comenzarán las protestas del equipo contrario y puedo llegar a perder el Control de la Situación.

No obstante, antes de sancionar disciplinariamente una protesta, debo tener en cuenta que, luego de observar el fallo arbitral, generalmente va a existir una REACCIÓN LÓGICA del jugador. Si se sanciona dicha reacción, debo darme cuenta que lo único que voy a lograr es incentivar la reacción original. De esta forma, si un jugador protesta levemente un fallo, quizás pueda evitar más protestas retirándome del lugar o quitándole la vista de encima.

De esta forma, podemos decir que para mantener controlado el juego: 

LOS ÁRBITROS NO DEBEN PROVOCAR. Su actitud debe ser FIRME y ENERGICA pero a la vez HUMILDE.

Analicemos, a continuación, lo que ocurre cuando un árbitro toma decisiones. Pueden darse dos actitudes en los jugadores:

* Los jugadores ACEPTAN lo sancionado, con lo cual no se va a crear ningún conflicto. O por el contrario…
* Los jugadores NO ACEPTAN lo sancionado por el árbitro y se origina un CONFLICTO.

Este conflicto obliga al árbitro a tomar una nueva decisión, ante la cual nuevamente hay dos posibilidades:

* Los jugadores ACEPTAN la nueva decisión, con lo que NUEVAMENTE NO HAY CONFLICTO.
* Los jugadores NO LA ACEPTAN y se origina un NUEVO CONFLICTO. 

Esto da origen a un “CIRCULO VICIOSO”. Trataremos de ejemplificarlo mediante el esquema de la Fig.2:

ufvh.jpg

Una vez que este “círculo vicioso” se ha producido, es muy difícil salir de él. Por ello, debemos EVITAR que dicho “CÍRCULO” se forme. ¿Cómo?

Actuando sobre las causas que lo originaron:

* Concentrándonos y poniendo todo nuestro empeño en sancionar las faltas técnicas del ataque y las faltas progresivas.

  •  Siendo humildes para aceptar que podemos equivocarnos en nuestros fallos y tratando de mantener un buen clima en el partido.

En síntesis, si detectamos que los jugadores no aceptan nuestras decisiones, debemos cambiar nuestras actitudes para tratar de corregir los errores, teniendo especial cuidado de no caer en la COMPENSACION. 

Tenemos que ser conscientes de que nos podemos equivocar al sancionar una jugada. No obstante, la próxima vez que ocurra la misma situación, DEBEMOS SANCIONARLA. De no hacerlo, estamos cometiendo un nuevo error y otra vez estamos al borde de que se produzca el círculo vicioso.

Como ejemplo, analicemos una secuencia lógica y común que puede ocurrir en cualquier partido. 

  1. Un jugador del equipo A comete una falta en ataque (por ejemplo 4 pasos), lanza y convierte un gol.
  2. Por un error arbitral, quizás por desconcentración, dicha falta en ataque no fue sancionada y el gol fue convalidado.
  3. El equipo B protesta a los árbitros.
  4. Los árbitros advierten su error (…¡ pero ya es tarde !).
  5. El equipo B pasa al ataque.
  6. Un jugador del equipo B realiza 4 pasos con el balón en su poder y se apresta a lanzar al arco rival.

¿Qué pasa en estos casos por la cabeza del árbitro?

“Los jugadores del equipo B están molestos conmigo porque no sancioné Tiro Libre a su favor por 4 pasos. Si ahora se me ocurre pitar un tiro libre en su contra por una situación similar, se van a enojar todavía más y puedo llegar a perder el Control del partido”.

Entonces… ¿Debo sancionar tiro libre o por el contrario debo dejar que la falta quede sin sanción?.

La respuesta es terminante: La falta debe ser sancionada!!.

Si no lo hago estoy cometiendo dos errores. Además tengo que tener presente que LAS PROTESTAS AHORA VAN A SER DEL OTRO EQUIPO y estaré cayendo nuevamente en un círculo vicioso!! 

Un árbitro puede llegar a pensar que de esta forma, (COMPENSANDO), puede retomar el control del partido. Pero esto es un gran error ya que todo el mundo se dará cuenta de la actitud del árbitro y SE PERDERÁ LA CONFIANZA de jugadores y cuerpo técnico.

Otro aspecto importante, es demostrar a los jugadores que la pareja arbitral es EL TERCER EQUIPO dentro del campo. Para ello, debemos cuidar todos los detalles que nos permitan:

  1. Ver lo que ocurrió.
  2. Decidir la sanción a aplicar.
  3. Convencer que la decisión tomada fue la correcta.

Pero esto será precisamente el motivo de nuestra próxima nota.

Ruben Gomez
6/8/2002


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